Casi toda la gestión sigue apoyada en una imagen newtoniana de la empresa: una máquina de piezas separadas, unidas por causa y efecto, donde quien dirige predice, planifica y controla. Funciona con un entorno estable y falla cuando el mercado va más rápido que el plan, cuando la información llega incompleta y cuando las variables que más pesan son personas.
El liderazgo cuántico parte de otra imagen. La organización es un campo de relaciones, los resultados son probabilidades hasta que alguien decide, y el estado de quien decide forma parte del sistema. El término circula en la literatura de gestión desde los años noventa, sobre todo a partir de Leadership and the New Science, de Margaret Wheatley (1992), y del trabajo de Danah Zohar sobre la organización cuántica.
El Cosmic Wolf Institute usa el término en esa tradición y le añade algo propio: la fisiología del líder. Una decisión es tan clara como el sistema nervioso que la toma, así que aquí el liderazgo cuántico empieza en el cuerpo antes de llegar a la estrategia.