La investigación sobre meditación en general es amplia, y más modesta que su fama. Una revisión sistemática de Goyal y colaboradores (2014, JAMA Internal Medicine) encontró evidencia moderada de que los programas de meditación mejoran la ansiedad, la depresión y el dolor, y evidencia débil o insuficiente para otros resultados, entre ellos la atención.
Respirar despacio, en torno a seis respiraciones por minuto, como en el biofeedback de frecuencia de resonancia (Lehrer y Gevirtz, 2014), tiene evidencia moderada de aumentar la variabilidad de la frecuencia cardíaca, un marcador de la actividad parasimpática. Los estudios sobre estados meditativos también describen cambios en la actividad cerebral alfa y theta (Cahn y Polich, 2006).
La meditación cósmica como tal no se ha probado en ensayos controlados. La postura honesta es esta: sus componentes de respiración y atención se apoyan en evidencia razonable, y su beneficio para un líder concreto es algo que conviene seguir con tus propios datos, sueño, pulso en reposo y HRV, en vez de darlo por hecho.